domingo, 24 de abril de 2011

Capítulo 11 La huida

-¡Rápido, tenemos que partir! (Tronó la voz de Merlín destruyendo el encanto)

Había aparecido de repente, y se le notaba exaltado en un estado de nervios, Que rayaba el pánico.

-¿Qué sucede? (Le pregunte asustado, contagiado de su angustia)

-Ella está en Florencia. El asunto del alguacil, la ha puesto sobre mis pasos. (Más que decírnoslo, lo gritó Merlín)

-¿Quién es ella? (Le pregunté)

-Lorena (Susurró Merlín, mientras sus ojos perdían vida)

-¿Lorena? (Interrogué extrañado)

Merlín salió de su trance, y volvió a su exaltación.

-Está todo listo, partimos ya. Los lacayos están preparando el carro y los caballos. (Explicó Merlín. Recobrando la calma mientras hablaba).

-¿Hacia donde? (Pregunto Roxane)

-¿Tintagel? (Pregunté casi intuyéndolo)

Merlín nos explicó su plan:

-Efectivamente ese es el destino. Viajaremos disfrazados de cíngaros. Son espíritus libres nadie les hace preguntas.


Los lacayos consiguieron las ropas y los enseres. En el momento que se incluyó Roxane en nuestro grupo, deseché el disfraz de monjes.

Puse manos a la obra a los lacayos. Sabía que Lorena me seguía los pasos. La muerte del alguacil la ha puesto sobre ellos. Debemos partir de inmediato.

-¿Os ha dado tiempo a prepararlo todo en la mañana? (Pregunté perplejo)

-No deberíais subestimar la capacidad de los lacayos de Leonardo. Son extremadamente eficientes. Leonardo los quiere como a miembros de su familia.

Mientras nos vestimos la nueva indumentaria. Ellos tendrán listo nuestro medio de transporte.

La encontraréis en vuestros aposentos. Os espero en las caballerizas.

Tras estas últimas explicaciones de Leonardo, subimos a los aposentos.

Sobre el lecho tenía mi atavío. No le faltaba ningún detalle.

Las ropas de esa época, no eran muy diferentes. Tan solo diferían en los cíngaros, por la ornamentación ligeramente recargada. En mi época creo que se podría aplicar la misma diferencia.

Tras vestirme mi nueva indumentaria bajé a las cuadras en busca de mis amigos.

Allí se encontraba Leonardo con los lacayos. Visiblemente tristes ante la inminente despedida. También estaba allí Merlín comprobando el interior del carro.

Éste era el clásico carro-vivienda, tremendamente ornamentado.

Llamaba mucho la atención, ver colgado en el exterior del mismo, todo el menaje, cazuelas, sartenes, Etc.

Había dos caballos en el tiro, otro estaba atado atrás de refresco. Los tres estaban llenos de lazos, y atractivas manufacturas en el correaje. Inmediatamente pensé que los sacaron de una feria. Y así era, Tal y como me explicaron después.

Según Leonardo, había una familia cíngara en la feria local, Extremadamente feliz, pues habían hecho el negocio del año.

En ese instante apareció ella.

Bella, radiante. Su melena suelta, con el pañuelo orlado de monedas. La ropa vaporosa, casi flotaba a su paso.

Su aparición enmudeció la exposición de Leonardo. Era como la llegada de un ángel.

Merlín nos apremió, su temor por aquel misterioso personaje, era tangible.

-Puede aparecer en cualquier momento. Los inquisidores están prácticamente a sus órdenes. (Exclamó Merlín inquieto)

Nos despedimos de ellos, abrazos, besos, lágrimas. Y una última frase de Merlín dirigida a Leonardo.

-Recordad lo que os he dicho. Seguid las instrucciones. Ya sabéis que volveremos a vernos. Hasta entonces amigo mío.

Le dio un fuerte abrazo y partimos, agitando las manos hasta que se perdieron de vista al volver la calle.

Entonces intrigado por la frase de Merlín, le pregunté:

-¿Cuándo?

-No os preocupéis amigo mío, los “Cuando” no suelen ser nuestro problema. Nuestro problema son los “Por qué”.

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